lunes, 2 de febrero de 2015

Sobre la Vida en Marte y la Presencia Humana en el Planeta rojo


A pesar de los recientes descubrimientos, el espectro de opiniones "educadas" acerca de la posibilidad de vida en Marte, tanto pasada como presente, varía considerablemente, con científicos que sostienen que la vida en Marte es imposible, y científicos que especulan que la vida en Marte es un hecho comprobado.

Aunque el consenso general de la comunidad científica descarta la posibilidad de vida presente en Marte, persisten algunas dudas si alguna vez existió vida en Marte cuando su atmósfera era más densa y agua líquida existía en abundancia.

Igualmente debido a la posibilidad de vida marciana, la exploración de Marte (así como la de otros cuerpos celestes) se realiza o planea realizar con la precaución de no provocar una contaminación interplanetaria con microorganismos de la Tierra.

En 1837 los astrónomos alemanes Beer y Mädler publicaron el primer mapamundi de Marte, con datos obtenidos de sus observaciones telescópicas, al que seguirían los del británico Dawes a partir de 1852. El año 1877 presentó una oposición muy cercana a la Tierra, y fue un año clave para los estudios de Marte. El astrónomo estadounidense A. Hall descubrió los satélites Fobos y Deimos, mientras el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli se dedicó a cartografiar cuidadosamente Marte; en efecto, hoy en día, se usa la nomenclatura inventada por él para los nombres de las regiones marcianas (Syrtis Major, Mare Tyrrhenum, Solis Lacus, etc.). Schiaparelli también creyó observar unas líneas finas en Marte, a las cuales bautizó como canali. El problema fue que esta palabra se tradujo mal al inglés como "canals", palabra que implica algo artificial e implicaba que estos canales habían sido construidos por civilizaciones Marcianas.

Esta y una sabia y antigua civilización marciana había construido esos canales para drenar agua de los casquetes polares y enviarla hacia las sedientas ciudades; de hecho, los canales fueron una ilusión óptica. Hacia los años 1950, ya casi nadie creía en civilizaciones marcianas, pero muchos estaban convencidos de que, si había vida en Marte, sería en forma de musgos y líquenes primitivos, hecho que se puso en duda al ser Marte visitado por primera vez por una nave espacial, el Mariner 4, en 1965.

Los primeros análisis de espectrometría de Marte se iniciaron en 1884, cuando el astrónomo estadounidense William Wallace Campbell demostró que no había agua ni oxígeno en la atmósfera de Marte
Las actuales teorías que predicen las condiciones en las que se puede encontrar vida, exigen la disponibilidad de agua en estado líquido. Es por ello tan importante su búsqueda, todavía no hallada en este planeta. Tan solo se ha podido encontrar agua en estado sólido (hielo) y se especula que bajo tierra pueden darse las condiciones ambientales para que el agua se mantenga en estado líquido. El agua líquida no puede existir sobre la superficie de Marte bajo las condiciones actuales de su atmósfera.

Se sabe ahora que Marte tuvo abundantes cursos de agua, y fue porque contaba también con una atmósfera mucho más densa que proporcionaba mayor presión y temperaturas más elevadas. Al disiparse la mayor parte de esa atmósfera en el espacio, y disminuir así la presión y bajar la temperatura, el agua desapareció de la superficie de Marte. Ahora bien, subsiste en la atmósfera en estado de vapor, aunque en escasas proporciones, así como en los casquetes polares, constituidos por grandes masas de hielos perpetuos.
Recientemente, se ha detectado evidencia que sugiere el flujo de agua líquida en las paredes de un cráter; imágenes por el Mars Global Surveyor muestran barrancos y sedimentos formados en un lapso de -máximo- seis años por torrentes de agua. La comparación con la geología terrestre sugiere que se trata de los restos de un suministro superficial de agua similar a un acuífero.

La sonda espacial Phoenix comprobó en 2008 que cuando la temperatura se eleva por encima de cierto límite, y/o es expuesto a la radiación solar y radiación cósmica, el hielo de la superficie se sublima, convirtiéndose en vapor sin pasar por el estado líquido; es así como se forma el vapor de agua en la atmósfera del planeta, aunque está presente en proporción ínfima (0,01%). La sublimación de agua no ocurre a gran escala en los cascos polares, ya que están protegidos de la radiación por una capa de arena y polvo.

Trazas de gas metano (promedio de 10 ppm) fueron detectadas en la atmósfera de Marte en 2003 por el 'Goddard Space Flight Center' de la NASA. En marzo de 2004, se confirmó mediante observaciones adicionales por parte del Mars Express Orbiter y del telescopio llamado 'Canadá-Francia-Hawaii'.

La presencia de gas metano se considera un misterio, ya que bajo las condiciones atmosféricas de Marte, el metano es inestable y desaparece después de varios años, lo que indica que debe de existir en Marte una fuente productora de metano que mantiene esa concentración en su atmósfera la cual debe de producir un mínimo de 150 toneladas de metano cada año. Al considerar las fuentes probables, se descartaron los impactos de asteroides, ya que aportan solamente un 0,8% de la producción anual de metano. Fuentes geotérmicas o geoquímicas son posibles, pero no se ha detectado ninguna. La posibilidad de generación de metano por medio de microorganismos, es bastante común en la Tierra, y aún no se ha descartado como una posibilidad en Marte, por lo que se planea que la próxima sonda dedicada a la búsqueda de vida en Marte, el Mars Science Laboratory, incluya un espectrómetro de masas capaz de medir la diferencia entre 14C y 12C para determinar si el metano es de origen biológico o geológico.

Sin embargo recientes datos obtenidos por el vehículo explorador Curiosity en el mes de septiembre de 2013 demuestran que la cantidad de metano es seis veces menor a la estimada con anterioridad, a razón de 1,3 partes por mil millones, lo que descarta la posibilidad de que el metano sea producto de origen biológico e incluso por actividad geológica. El origen del metano en la atmósfera marciana puede deberse al impacto de meteoritos.

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