lunes, 29 de septiembre de 2014

OSNIS: Que son y como identificarlos


El acrónimo OSNI (Objeto Sumergible No Identificado), también traducido por objeto submarino no identificado (Stonehill y Mantle, 2010, p. 11), se refiere a un supuesto caso de avistamento en el cual un objeto desconocido aparece o se sumerge en el agua. Por su supuesta naturaleza o su posterior evolución en el aire suele asociarse con ovnis (objeto volador no identificado).

Se le atribuye la paternidad del término al suizo Erich von Däniken y su supuesta existencia se ha relacionado con dos conjeturas formuladas por la madrileña Beatriz Gato-Ribera, según las cuales la Tierra podría formar parte de una civilización mucho más avanzada que desea observarla, pero no contactar con los humanos, debido al abismo tecnológico que los separa. Asimismo, tampoco desearía ser detectada, por lo que ocultaría sus señales y habitaría bajo mares y lagos para pasar desapercibida.

Al contrario que los platillos volantes, existen muy pocos indicios físicos de los OSNIs, como fotografías o imágenes en movimiento, aunque sean lejanas, borrosas y con poco detalle como suele suceder con los objetos voladores no identificados. Tampoco los informes militares sobre posibles detecciones submarinas pueden ser muy precisos, lo impide la naturaleza del medio acuático. Sin embargo y al igual que con los sucesos aéreos, no hay ninguna prueba de su existencia.
Sobre los objetos submarinos no identificados no se han realizado investigaciones como el Proyecto Libro Azul, lo que ha influido en la escasez de catalogaciones, taxonomías y publicaciones, especialmente de monografías.

Según Torrent Rodrigo (2010, p. 81) la existencia de OSNIs se basa en la posibilidad de que la civilización humana esté inmersa dentro de otra civilización galáctica mucho más grande. Esta conjetura la publicó Beatriz Gato-Ribera en 2003 y sólo es posible, según su autora, si se cumplieran previamente el llamado Principio Subantrópico y también la Conjetura de la indetectabilidad.7 Según Gato-Ribera, si dichos supuestos fuesen ciertos y convergieran, la civilización humana formaría parte sin saberlo de otra civilización más grande y más evolucionada, de igual forma que los gorilas de montaña están inmersos en la civilización humana sin percibirlo. La doctora plantea en su artículo la cuestión de si los gorilas viven conscientes de poblar en una reserva natural creada por una civilización más avanzada que la suya. Concluye que no.

Así mismo, Gato-Ribera se formula la pregunta de ¿por qué la civilización o civilizaciones más avanzadas y cercanas a la Tierra no han contactado con los seres humanos? A lo que se responde a sí misma con dos nuevos interrogantes: "¿Enviaría algún país de este planeta una delegación oficial al territorio del gorila de montaña para presentarse abierta y oficialmente a las “autoridades” de los gorilas? ¿Se estrecharían la mano, llegarían a acuerdos e intercambiarían firmas con los machos dominantes?" nuevamente su conclusión es negativa por la misma razón que los humanos no tratan de contactar con los simios para explicarles cuestiones como las Ondas hertzianas.
Asumiendo el deseo de las otras civilizaciones de no contactar con la terrestre quedaría por resolver una incógnita más: ¿por qué motivo no pueden detectarse señales luminosas o de radio causadas por dicha o dichas civilizaciones? Esta pregunta es respondida por la llamada Conjetura de la indetectabilidad, también formulada por Gato-Ribera. Dicha conjetura sostiene que las civilizaciones tienden a camuflar o silenciar su presencia por motivos de seguridad, por ello la doctora madrileña presagia un escaso éxito a proyectos como el SETI, aún teniendo relativamente cerca miembros de dicha civilización o civilizaciones.

Partiendo de los dos supuestos antes indicados, autores como Torrent Rodrigo (2010, p. 81) postulan que bajo el mar podrían estar explicaciones como la de los ovnis, "hasta el momento buscada en estrellas lejanas", dicha búsqueda se refiere al pequeño porcentaje de casos no aclarados.
Así pues la cadena argumental sería la siguiente: según Gato-Ribera la Tierra podría estar inmersa en una o varias civilizaciones galácticas que no desean contactar con la humana y no es posible detectarla por haber enmascarado sus señales. A partir de dichos supuestos autores como Torrent Rodrigo indican que dicha civilización habría llegado al Planeta, habría decidido establecerse y habita en lagos y océanos para no ser detectada.

A estas explicaciones o conjeturas se opone la recogida en el Informe Condon, publicado en los años 70 del siglo XX. Dicha investigación concluía que tras los ovnis no se haya ningún fenómeno de la Naturaleza desconocido para el ser humano y que investigaciones sobre dichos avistamientos no supondrían ningún beneficio para disciplinas como la física o la ingeniería, aunque sí para ciencias sociales como la psicología o la sociología

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